Cuando se está inmerso en la
enseñanza de la lengua se debe tener preciso el objeto de conocimiento, es
decir, lengua o lenguaje, porque de ambos es que surgirán las orientaciones de
las didácticas. Por ejemplo, el concepto de lengua corresponde, en general, una
orientación didáctica, conductista y conduce a la gramática (análisis
sintáctico y clasificaciones) y el análisis estructural de los textos. Al concepto de lenguaje corresponde, en
general, una didáctica constructivista e inductiva y las bases que aporta la
lingüística son la lingüística aplicada, la sociolingüística, la psicolingüística,
la pragmática, entre otras.
Enseñar el lenguaje es enseñar el
uso personal y social, la manipulación y recreación lingüística por parte de
los y las estudiantes, cuyos fundamentos y principios éstos necesitan conocer sólidamente.
En tal sentido, se podría hablar de una educación lingüística en un sentido
amplio, en cuanto al desarrollo de la competencia comunicativa, lo cual, a su
vez, incluye la enseñanza de la lengua.
La meta de la enseñanza de la
lengua es el desarrollo de la competencia comunicativa, de esta forma, hay que
acercarse a que los y las estudiantes puedan usar el lenguaje como algo propio
(trabajando para mejorar sus propios enunciados) y no como un objeto que hay
que describir (analizando enunciados ajenos y/o repitiendo las reglas de la
lengua.
Atender a la competencia
comunicativa es enseñar a operar cambios y transformaciones en los propios
enunciados y discursos. Es adquirir la habilidad de procesar las
características de una situación comunicativa para adecuar lo que se diga o se
escriba a los interlocutores, al contexto, a las intenciones y a las necesidades.
Esto es: elegir la discursividad apropiada, el registro verbal y el tipo de
texto, producir un enunciado o discurso, y hacerse cargo de los conocimientos y
de la subjetividad del interlocutor y de la relación que se tenga con él.
Para estos propósitos, el
hablante necesita usar, conocer y hacer conscientes los recursos léxicos, morfosintácticos,
discursivos. Esto significa que habría que proponer situaciones en las que las
producción de enunciados propios (orales o escritos) o la interpretación de los
enunciados ajenos (orales o escritos) conduzcan a la reflexión y al
conocimiento de esos recursos que les ofrece el lenguaje, de modo que los
estudiantes mejoren el uso que hacen de él. Además, y fundamentalmente, una
enseñanza centrada en el lenguaje, y no en la lengua, requiere también de
cambios en los modos de enseñar y de aprender. Se necesita una didáctica que no
se limite a hacer reproducir conocimientos, sino que oriente para que se
produzcan inferencias y construcciones, a partir de las propias prácticas
verbales de los estudiantes. Esto implica incorporar prácticas verbales de lectura
y escritura que muestren que los usuarios de una lengua, en lugar de repetir lo
que dicen otros, pueden manipular, transformar y manejar el lenguaje apropiándose
de él (enunciado) para lograr mayor autonomía de pensamiento y poder de
comunicación.
La realidad en cuanto a la
enseñanza de la lengua y la literatura en nuestras aulas demandan cambios que
exigen un docente bien formado en el área y una escuela abierta donde se pueda
relacionar lo didáctico y lo creativo. Es importante aclarar que más que hablar
de los aportes de varias disciplinas para la enseñanza de la lengua, es muy
importante considerar en primer lugar, los problemas que se han presentado en
su enseñanza. Pues varios autores, Santaella (1986), Cadenas (1986), Navas
(1995), entre otros, se han preocupado por explicar estos problemas. Sus discursos
han estado marcados por una crítica a la teoría, a los métodos y a los
contenidos así como también al estudio del texto, del lector y fundamentalmente
al papel del docente y de la escuela como entes sensibilizadores y promotores
de la lectura. 1
Durante mucho tiempo se ha
pensado que la escritura se aprende en la escuela. En cierta medida es verdad,
porque la escuela permite el logro determinado de objetivos que trasciende el
aprender a leer y a escribir. Pero, hay
que reconocer el proceso de conocimiento que el niño o niña a elaborado fuera
del sistema educativo formal. Lo que quiere decir, que esto va a incidir en la
enseñanza del lenguaje.
Como tal, el lenguaje es un
objeto de conocimiento complejo, que se aborda desde las ciencias del lenguaje,
especialmente desde la teoría de la comunicación (teoría de la enunciación y de
la argumentación), desde el análisis del discurso, desde la gramática del texto
y desde la gramática de la oración, con el aporte de la psicolingüística y la sociolingüística.
También contribuyen a su estudio la retórica, la teoría literaria, la
semiótica, la filosofía, la antropología, la cibernética, la lingüística aplicada,
entre otros saberes. Por otra parte, todo aprendizaje, indudablemente, se ve
favorecido y estimulado cuando se produce en el marco de una relación dialógica
entre maestro y estudiante basada en el respeto y la valoración mutua,
condición que, como punto de partida, requiere el reconocimiento de la variedad
lingüística que él y la estudiante traen
de su casa y de su comunidad como instrumento legítimo de cultura,
representación y comunicación social. Lo que nos conduce a un aporte de la sociolingüística
como es: conocer la formación cultural,
los patrones de tipo social (nivel socioeconómico, edad, sexo, grupo étnico,
aspectos históricos, situación pragmática…)
Atendiendo a la psicolingüística
se denomina lectura al conjunto de actividades psicológicas conocido técnicamente
como “procesamiento visual del lenguaje” que comprende una serie de
habilidades, procesos, subprocesos y componentes de información. Los componentes
básicos de los procesos de lectura corresponden al nivel perceptivo, al
reconocimiento visual de palabras, a la comprensión de oraciones escritas y a
la comprensión de textos. 2
En cuanto a la escritura, la investigación
psicolingüística designa con este
término el resultado de un proceso lento pero demanda gran cantidad de atención
y es altamente controlado. Este proceso implica una “planificación previa” en
distintos niveles en tres grandes bloques de operaciones. Uno referido a la “selección conceptual”, es decir, la
selección del contenido, y el orden de presentación de la información
específica; otro a la organización de la forma lingüística o determinación de
una forma sintáctica o estructura aceptable dentro del idioma, lo cual requiere
un proceso componencial o consecutivo de la misma; por último la “ejecución gráfica”
de tipo manual o mecanografiada que implica la traducción motora de los planes
a las representaciones gráficas escritas. 3
En conclusión, estas disciplinas
están sumamente relacionadas con la enseñanza de la lengua. Hay que ver que la
mayor parte del tiempo que los y las estudiantes pasan en la escuela o en la
calle lo hacen comunicándose con palabras: orales o escritas, y gestos. Las y
los estudiantes deben saber que en la escuela tienen la oportunidad de aprender
y usar la lengua, según contextos y funciones diferentes. Hablando le
enseñaremos a hablar, leyendo a leer, y
escribiendo, a escribir. Éste debe ser su aprendizaje. Saber leer no es juntar
las letras unas con otras, saber juntar el abc, saber leer es entender lo que
está escrito.
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1.-Puerta, M. (2000). Reflexiones
sobre la enseñanza de la literatura: ¿Corazón o razón? Educere, año 4(11),
165.
2.-Belinchón, M. (1992). Psicología
del lenguaje: Investigación y teoría. Madrid: Trota.
3.-Valle, F. (1991). Psicolingüística.
Madrid: Morata, 2da Edición, 1992.
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